EL VIAJE RECORRIDO

“Nuestro destino nunca es un lugar, si no una nueva forma de ver las cosas” Henry Miller

            El viaje recorrido me devuelve al inicio, de donde partí he llegado, de nuevo; en el camino se queda la locura de muchos dibujos. El viaje era llegar al principio. Traje dibujos, y tracé otros muchos; ahora, regreso con un lápiz y un papel en blanco. Gracias a la sombra vamos a la luz.

Con mi maleta neurótica partí hasta llegar aquí. Dibujos que arrastraba en cada paso, muy pesados; y que no son más que mis propios trazos de un pasado en el que, refugiado, he movido el mundo para sentir que ando. El peso que yo les he dado ha sido su verdadero tonelaje. Mis dibujos narran una realidad en la que me he apoyado y que explica cómo me he desenvuelto en el mundo.

Cuesta entender que uno viaja con su enemigo. Si siempre caminas de noche, no es fácil atisbar tu sombra. Se necesita luz y viajar despierto para saber quién te acompaña. Cuesta comprender que eres tú quien lo alimenta y mucho más cuesta dejar de darle de comer para que no te persiga.

En este viaje he descubierto paisajes que no quería ver y les he puesto nombre. Traje dibujos viejos que narraban cuentos. Descubrí mis fallas, las fisuras que me bloquean y separan. Descomponiéndome, viajé haciendo costura tratando de cerrar gestalts inconclusas.

La rabia que me empujó a terapia era mi tristeza y angustia. Aquella agresividad era el grito del miedo. Descubrí mi herida narcisista sin cicatrizar y supurando.

Me creí engullido por una madre y era yo quién se lo tragó todo. Sin digerir, me comí su deseo; nací para compensar y me acoplé al proyecto. Creo mi imagen y no la suelto, si la dejo, desapareceré; tengo una función y sólo tengo sentido si me entrego a ella. Entiendo mi angustia, mi tristeza y dolor. Tomo conciencia; no existí, fui un reflejo. Utilizado, manipulado, siempre incomprendido y atrapado; preso. Impotente ante el dominio materno me humillo; sumiso a sus deseos, anulo mis necesidades, mis anhelos, sentimientos y deseos, ante la imagen introyectada. Dolor, tristeza y rabia.

Soy muy niño. Fabrico mi escudo, tenso los músculos y tejo mi armadura, ato mis sentimientos con camisa de fuerza para no expresarlos.  Veo mi cuerpo. Todo un bloqueo de sentimientos. Mandíbula apretada bloqueando el mordisco, soy sarcasmo; bloqueo de succión, evito el contacto. Espalda y hombros firmes, contengo la ira. Rígido, no respiro, apenas dejo entrar oxígeno, mi piel se seca y limito mi energía. Tensión en la nuca, me separo del cuerpo, desconecto el sentimiento corporal. Tomo conciencia de mi carácter psicopático.

Desplazo mi energía y me parto en dos. Me inflo. Necesito controlar para no ser controlado, cambio placer por poder. Niego mi tristeza y mi miedo. “Sólo el poder puede contrarrestar al poder” “Estar sometido al poder de otra persona es una experiencia humillante. Tal insulto al ego sólo se puede lavar si se invierte la situación”

Y sin embargo soy dependiente, aunque no quiera reconocerlo necesito a los demás. Necesito tener a quien dominar. Creo que el poder facilita mi contacto sin miedo a ser utilizado; puedo atraer a los demás. Hago que me necesiten. Porque me sedujeron entendí que soy necesario, si me necesitan, tengo el poder y escapo de lo que necesito. Ese es mi juego neurótico. Controlar el mundo. Mantendré las relaciones justas y necesarias.

Entiendo que mi desconexión, mi insensibilización, forman parte de mi estructura defensiva. Descubro mis mecanismos de defensa. Confundido, siempre perdido y sin saber qué. Así he venido viviendo, deambulando, sin saber qué quiero ni qué necesito. Una personalidad confusa, perdida entre la auto imagen y el sí mismo. Esa es mi neurosis. La desintegración de lo que soy. La descoordinación, qué soy y qué no soy. Cómo diferenciar lo auténtico de lo egoico. De este desorden surgen mis mecanismos de defensa. El yo se defiende de sí mismo.

Me tragué el deseo de mi madre, su proyecto, sus necesidades. Introyecté su imagen de ser e intelectualicé mis emociones para no vivirlas ni sentirlas, evitando ser yo y viviendo un debería ser. Viajo de polizón en mímesis con su sentir evito sentirme y huyo de mí, confluyo para no ser y desaparecer. Mis impulsos destructivos los vuelvo contra mí, me destruyo(retroflexión). Enfermo; destruyo mi aparato digestivo y se me seca la piel. Toda la energía que no fluye implosiona dentro. Y si algo de energía sale, la desvío. Hablo a raudales para no decir y hago risa y a todo le quito peso con la gracia (deflexión). Y si tengo que pedir doy, esperando la devolución (proflexión), por eso hago de mi relación de pareja un do ut des («doy para que des»).

Con todo esto, tan sólo consigo alejarme de mí. “…la personalidad con la que nos identificamos y a la que nos referimos cuando decimos implícitamente <Yo>, es una manera de ser que adoptamos para defender nuestra vida y nuestro bienestar mediante una <adaptación>, en un sentido amplio del término,…En este estado de cosas, pues, la vida no está guiada por el instinto e interfiere en la <sabiduría organísmica>…Podemos decir que el individuo ya no es libre de aplicar o no los resultados de su nuevo aprendizaje, sin que <ha puesto el automático> acudiendo a una determinada respuesta sin <consultar> la totalidad de su mente o considerando la situación creativamente en el presente. Es esta fijación de respuestas obsoletas y la pérdida de la capacidad de responder creativamente en el presente lo que más caracteriza el funcionamiento psicopatológico.”

“La personalidad condicionada conduce a una interferencia organísmica, La interferencia organísmica lleva a una disminución de la experiencia de ser

La disminución de la experiencia de ser conduce a ilusiones, a las pasiones y a perpetuar la personalidad condicionada, y así sucesivamente.”

Si bien al conjunto de dicho pseudoparendizaje adaptativo (…) se le denomina generalmente en las tradiciones espirituales <ego> o <personalidad> yo creo que resulta muy apropiado darle también el nombre de <carácter>”

“La imagen que su exagerado yo tenía de sí mismo era una defensa contra la percepción de su verdadera estructura” (….) “el individuo neurótico se identifica con su carácter, del que yo ideal también forma parte. Sucede así porque la estructura de carácter representa el único modo en que la vida instintiva es capaz de funcionar.”

Alejado de mí, identificado con la idea que hice de mí mismo, descubro cómo configuré mi mundo y entiendo que mi personalidad tiene una formación neurótica que me limita e impide desarrollar el yo, obstaculizando sus funciones vitales.

Atiborrado de introyectos, engullendo la idea de mí, fui bloqueando mis energías. Capricho materno para tapar carencias y llenar el vacío que su marido no podía cubrir; bloquearon mi identidad: “tú no eres Garayoa”. No era como él, no era como ellos. La sensación de no pertenencia a la familia ha sido una constante en mi vida, la soledad y el aislamiento. Desubicado, siempre he buscado la aceptación.

Las emociones eran las suyas, mis impulsos, mis placeres y deseos no tenían sentido si no coincidían con los suyos, ser feliz era hacerla feliz. Carencia de afecto, no me quieren si soy yo. Estructuro mi miedo. Miedo a ser. Desde ahí configuro mi carácter para sobrevivir y me identifico con él. Enemigo de mí mismo, soy mi propio boicot. Todo es miedo, inseguridad y duda. Desconfío de mí mismo. Paranoia, suspicacia. Me muevo vigilante. Desconectado emocionalmente, enarbolo la bandera de la razón porque soy cobarde, inseguro y necesito apoyarme en el intelecto. Rígido en mis ideales porque las cosas deben ser, rara vez me salgo del tiesto. Autoridad. Divina, racional o loca, necesito un guía. Amor-odio.  Rebelde y obediente. Desafiante y sumiso. Como soy cobarde proyecto y me exculpo, los responsables son los otros. La sensación de sentirme juzgado y vigilado constantemente no es más que mi propio juicio transferido. Enemigo de mí mismo me temo y temo lo que hay dentro, me asusta mi vacío y lo evito.

Así he vivido defendiéndome de mí. Un conglomerado resumen de una estructura defensiva con la que evitarme.

El carácter no es el territorio, es el mapa.

He tenido la fortuna y la valentía de vivenciar experiencias únicas. A este viaje vine a vivir y a vivirme, descubrirme. Soltar el lastre de un equipaje falso lleno de trajes que no me sirven. Apoyándome en mi yo idealizado, he viajado negando, evitando otras partes de mí. Viajar así es un titánico esfuerzo que me fue tensionado, bloqueando sensaciones, emociones y músculos (porque soy cuerpo, aunque viviese alejado). Cada afirmación de mí mismo es la compensación de algo que estoy negando.

Harry encuentra en sí un ´hombre´, esto es, un mundo de ideas, de sentimientos, de cultura, de naturaleza dominada y sublimada, y a la vez encuentra allí al lado, también dentro de sí, un ´lobo´, es decir, un mundo sombrío de instintos, de fiereza, de crueldad, de naturaleza ruda, no sublimada. A pesar de esta división aparentemente tan clara, de su ser en dos esferas que le son hostiles, ha comprobado, sin embargo, alguna vez que, por un rato, durante algún feliz momento, se reconcilian el lobo y el hombre. 

HERMANN HESSE. El lobo estepario.


He podido vivir la poralidad y trabajar con su armonía. He visto cómo funciono en el mundo, manipulándolo, configurándolo desde mi solución neurótica para percibirlo de una determinada manera; tomando conciencia de mi responsabilidad, pues yo produzco lo que vivo.  Básicamente, este viaje es un proceso de responsabilización personal. Me permito dejar el pasaje de este lobo estepario de Hesse, no sólo porque sea uno de mis autores favoritos, sino porque, además, explica francamente bien el sentido de las polaridades en Gestalt; y porque personalmente describe una polaridad muy arraigada en mí.

Apolo y Dionisio. Abanderado de lo apolíneo niego mi Dionisio, su reconciliación, como dice Hesse, su equilibro, es su integración; son dos partes de mi naturaleza que no son incompatibles.  Lo difícil es comprender que no se trata de combinarlas, que se trata de lograr unirlas estableciendo algo nuevo. Antes mencioné la responsabilización personal del proceso, que básicamente se trata de la habilidad de responder desde esa unión, desde ese complejo creado, creativo y nuevo, que responde ante la situación en la que fluye. Nada fácil.

He sido cuerpo y he visto el cuerpo. He descubierto mi coraza, los bloqueos con los que mi cuerpo se defiende. Comprendo el cómo y el porqué; y siendo cuerpo entiendo lo que me conviene. Desconectado, como cable eléctrico descontrolado, soy alta tensión y necesito tierra. Soltar, bajar a los pies[1]. Respirar, abrir el pecho. Movilizar pelvis y nuca, desbloquear para conectar.  Arriba soy el control, abajo conecto con los deseos, emociones y necesidades. Soltar el control, soy gigante de barro. Trabajar con lo que me asusta, perder el control. Y poder darme descanso; sostener es agotador.

Si bien mi morfología es la propia de la psicopatía, en este viaje he topado con rasgos esquizoides.    Destaco algunos aspectos que me resuenan bastante: “Al no estar en contacto con su cuerpo, y reprimir el sentimiento, el esquizoide lo que hace es racionalizar su vida, o espiritualizarla, su cuerpo se va acomodando como lugar para el yo pensante, con lo que se va creando un yo débil. Enfatiza el entendimiento intelectual, posee una gran imaginación, fantasía y sueños, poco o nada arraigado” “no tuvo más remedio que disociarse de la realidad, yéndose a la fantasía, escapando de su cuerpo a través de lo abstracto para poder sobrevivir, creó una muralla frente a sí mismo para poder protegerse. Al sentirse rechazado como ser humano reacciona viéndose a sí mismo como un ser superior(…)tiene una gran necesidad de demostrar que es “especial” y es soberbio.

Alguna realidad hay en esta imagen de “ser especial”, el esquizoide, que puede ser creativo y constructivo, es habitualmente perspicaz, rápido, intuitivo e intelectual” Al estar fragmentada su estructura busca escapar tanto de la realidad interna como de la externa, no puede acabar de integrar todos los fragmentos que quedaron esparcidos en la vivencia de su infancia. La rabia y el odio que quedaron esparcidos siguen estando en la sombra, y surgen en ideaciones ansiosas, depresivas y paranoides. Necesita del orgullo como negación de su necesidad de ser amado y sentido.” Ciertamente existen similitudes y no dista mucho de realidades psicopáticas, vivir desde lo que se debe hacer, la angustia de la necesidad. Debo indagar en posibles factores de mi historia que pudieran marcar cierta caracterología esquizoide, por el momento no he encontrado nada (¿quizá un rechazo materno prenatal al saber que no era niña? evidentemente, mi madre lo niega), pero he visto cómo algo se señala.

El cuerpo sabe, es algo sobre lo que he tomado conciencia. El cuerpo es un detector, me informa, me aporta sensaciones, necesidades. Las emociones buscan expresarse y al expresarse alcanzan su máxima capacidad. Así lo he notado en diferentes trabajos realizados, cuando he conseguido, en cierto modo, conectarme y soltar, temblar y romper mis bloqueos, gritar; el miedo pide gritar. Estar en contacto con el cuerpo es estar en contacto con uno mismo, me orienta, de ahí la importancia de trabajar con él. En ocasiones, practico ciertos ejercicios, sobre todo de descanso y arraigo, aunque dejarme y perder el control es algo que me cuesta francamente y es asignatura pendiente en mi día a día; favorecer la expresión emocional, contactar y dar a la emoción sus salida natural recuperando la espontaneidad del movimiento, implica una atención al cuerpo que todavía no manejo, sin embargo, es cierto que en todo este tiempo posterior al viaje, lo he sentido en más ocasiones que en el resto de mi vida; tras conseguirlo, siempre me asalta la duda (la maldita inseguridad) y la extrañeza, me asombra la dificultad que tengo para familiarizarme con mi espontaneidad; cuando surge, es algo extraño, y aunque pueda comprender que es mío y lo viva satisfactoriamente, la duda lo recela. Es sano descubrir que eres cuerpo, pero resulta extraño después de tanto tiempo alejado de él.

En este viaje también pude volver atrás. Experiencia iniciática. Abandonar la ilusión infantil, recuperar el amor y vivirlo como adulto. Mis estrategias defensivas tienen origen en la infancia, responden a una ilusión infantil que dibujé hace mucho, debía volver allí para decodificar y desdibujar para trazar un dibujo sano ya como adulto. Reconciliación, perdón. Descubrimiento y duelo. Reparación. Sin culpa, me hice cargo del ahora atravesando el paisaje añejo de lo que no entendí. Restauración pictórica de aquel dibujo infantil, dibujo nuevo trazado desde la comprensión y el amor. Amar, por fin. Recuperar el amor, recuperar a mis padres, sanear el dolor infantil. Sin duda, la experiencia más brutal y gratificante que he vivido; porque estuve allí, con el corazón abierto, a pecho descubierto y dispuesto a crecer. Valiente. Orgulloso. Sentí y dejé salir, atravesé todas mis barreras y volví, regresé a donde partí y me traje la paz y la serenidad; la responsabilidad y la capacidad de amar. Eternamente agradecido.

Nunca viajé solo. Este viaje personal se hacía en grupo. A viajar juntos nos fuimos haciendo, poco a poco. La lucha es de uno, la batalla es de todos. Al principio me costó, había temor y marqué distancia. He viajado desde el grupo, para el grupo, por el grupo y en grupo. También en solitario. He transitado por muchos lugares hasta encontrar mi sitio. Mi inseguridad, el miedo a conectar y contactar. Deambulé hasta confrontar. Ese fue un paso importante en el viaje. He sido mofeta, tejón y colibrí (cartas de los indios americanos). La serenidad y tranquilidad que logré, está años luz del personaje que mostré inicialmente. Reconozco mi rol y me siento a gusto con él (ideólogo). Viajé por las afueras y tracé alianzas. Jugué con fuego, también. Cuando comprendí que era yo y para mí, pude ver a los demás y disfrutar del viaje. Sacarle partido, dejé de juzgarme y descubrí que en el grupo no había juicio, descubrí la ayuda y el impulso, el respeto, el valor de la normalidad, la desnudez y el juego infantil, despreocupado, inocente, sin miedo. Adquirí seguridad en mí, pude mirar a los ojos de todos y de todas, acariciar y ser acariciado, conectar y contactar. El proceso personal es mío, pero llegar a sentir que aquella dramática tragedia que imaginé son ahora peculiaridades excéntricas de un tipo normal, pude lograrlo allí, con todos ellos, con el apoyo grupal que todos construimos.

Por las incógnitas que me han suscitado y por lo atractivo que es para mí el mundo onírico, quiero señalar aquí, estaciones de este viaje por las que me gustaría seguir transitando. El mundo de los sueños se nos mostró en muchas ocasiones. La experiencia me ha abierto puertas por las que quisiera entrar con curiosidad, dejando preguntas abiertas en las que, quizá, encontrar en algún momento la forma de resolverlas.

Hay un sueño repetido durante bastante tiempo siendo niño. Cuando lo traje al grupo, Napolitano me señaló dos caminos: Jonás y la Ballena (por el simbolismo de engullir) y lo siniestro femenino. Parto de ahí e indago. La leyenda bíblica de Jonás es sobradamente conocida; curiosamente, Pinocho también es engullido por una ballena. De alguna forma, ambos son viajes existenciales. Indagando por la simbología de la ballena, descubro que puede representarse simbólicamente como el Yo. En todos los textos que he leído en los que un animal engulle al hombre, éste siempre es escupido o expulsado, esa era la clave de la importancia del término engullir, pues no se mastica, no se digiere, y finalmente se expulsa, en lo que simbólicamente podría verse como una resurrección o renacimiento. Napolitano me señalaba también lo siniestro femenino.

En mi sueño no hay una ballena como tal, sí una sombra de aparente feminidad que me engulle. He leído al respecto textos sobre lo siniestro femenino y me quedo con la siguiente aportación lacaniana: Lacan introduce un neologismo que nos conduce al corazón de lo siniestro. Se trata del término extimidad que nos remite a lo exterior y extraño, mejor aún, a lo vivido en lo interior y que nos resulta ajeno. Lacan inventa lo extimo a partir de aplicar el prefijo ex (exterior) a la palabra intimidad para señalar que lo real está tanto dentro como fuera. De esta manera, el Otro es algo extraño al sujeto y al mismo tiempo constituye su núcleo. La propuesta es que para todo sujeto, la condición femenina adquiere carácter de extimo, es lo más ajeno pero al mismo tiempo el núcleo del sujeto.Según Perls, volviendo la mirada hacia la Gestalt, los sueños reflejan momentos existenciales (de mi existencia) y, desde aquí, se concibe además, que todos los aspectos en el sueño son partes del soñante simbolizadas, proyectadas. Son partes no integradas.

Relacionado con esto, durante mi proceso, he topado con el concepto de Complejo Materno. He leído también al respecto y resumo con el Mito de la Cibeles, que básicamente narra el deseo de una madre para con su hijo y que ante la infidelidad de este opta por la castración (muy resumido). Bien podría ejemplificar mi historia materna, ciertamente. En el mito de Cibeles, la infidelidad de su hijo no es más que el símbolo de construir una identidad independiente, saliéndose de la simbiosis; esta independencia y libertad, conlleva como castigo su castración. En este sentido, rescato un terror atroz ante la mirada de mi madre, la inmovilidad, la sumisión, el miedo a hacer y escapar de ella.

Explicado todo esto de aquella manera, concluyo: ¿acaso aquel sueño de tan niño me estaba mostrando mi momento existencial, el momento clave en el que me escindía?

No sé si nada de todo esto queda claro, pero quería dejar constancia, al menos, de las divagaciones y cuánto me atraen, terapéutica y personalmente, los sueños y todo el mundo onírico porque, entiendo que el sueño es natural y espontáneo, nadie sabe lo que va a soñar, carece de filtros y planificaciones y, si bien su lenguaje es simbólico, entiendo debe de ser real, por naturalmente creativo y puro, carente de barreras.

A lo largo de este viaje he experimentado, vivido y aprendido una forma de hacer terapia. “El cartel ponía: Entrada sólo para locos, cuesta la razón.”        

He viajado a través de un grupo con todo lo que he eso supone; viviendo la terapia individual dentro del mismo, sintiendo su fuerza terapéutica como miembro y experimentando la terapia como unidad grupal, siendo grupo.

Salir del refugio de la terapia individual y dar el paso a un grupo de desconocidos suponía un cambio brutal, aquellos extraños que me rodeaban viajaban con maletas repletas de incógnitas que me generaban inseguridad. Desubicado, y siempre cauto, opté por buscar el lugar más próximo al trío maestro/ponente y ayudantes (orientación hacia la autoridad). Desde aquel ángulo, podía observar a todos los componentes del grupo (control, hipervigilancia), midiendo mis pasos, me armé de mi intelectualidad para defenderme y lograr cierto control y dominio. No estar a la altura y tener que exponerme (salir al centro) eran mis mayores miedos.  Jugué a competir demasiado tiempo y me escondí en mi personaje en exceso.

La sucesión de experiencias catárticas, individuales y grupales, fueron cohesionando las partes y conformando la unidad grupal; centro de confianza, se definieron los lugares, se confrontaron sombras, y se remaba a la par.  Yo avanzaba a mi ritmo y el grupo movilizaba y se hizo autoridad a la que escuchar, confiaba, ya no competía ni me sumía, y entendí la prueba de realidad que me señalaba. Enfadado conmigo mismo, cansado de aparentar y avanzar estancado, me dejé llevar, solté mis defensas y me descubrí ante mí. Participaba y me dejaba ver. “Lo que veis es lo que soy” dice una canción de Los Suaves; asumir con responsabilidad y verdad la sencillez de esa afirmación, valorar mi singular normalidad y dar rienda suelta a lo que hay, con confianza, sin juzgar, sin dar ni quitar más importancia de la que tiene, fue un paso de gigante en mi proceso personal.

El grupo configuró su estructura. En este viaje tengo mi papel. Dentro de la estructura grupal hay tres elementos característicos: la posición, el estatus y el rol.  Situado más allá del ni fu ni fa, en el primer escalón del rechazo, encuentro mi posición (lugar afectivo; atracción-rechazo). Es lo que hay. Atrapado en mi maraña mental me costó avanzar al ritmo emocional del grupo. El grupo era exigente y yo viajaba a otro ritmo. Soy consciente de esa distancia, de ese límite de seguridad con los demás en el plano afectivo-emocional, que me alejan del contacto. Tardé en empezar a trabajarlo, tardé en salir de la madriguera, cuando quise correr el grupo ya había llegado.

Estoy en lo alto del estatus (prestigio; dominio-sumisión). Soy importante para el grupo, me admiran, mi participación en el mismo es considerada como relevante y decisoria; soy ideólogo (rol). Mi proceso personal tiene aquí también su reflejo.  Decidido a trabajar y estar en el grupo, supe redirigir mi energía. Cuando me afirmé y reafirmé mi confianza, cuando acepté lo que hay, la energía encontró su salida. El dominio, el control, cuando los nutro de energía sana y bien dirigida, me otorgan satisfacción. Satisfacción verdadera, real y sincera. Me ayudan y me conectan con el resto.

Poder viajar en grupo ha sido un regalo, como persona y como profesional. Todo habría sido más difícil sin ellos, sin nosotros. Experiencias de verdadera intimidad, vivencias brutales, aprendizaje único. Micromundo donde revivirme, he sido capaz de sentirme, emocionarme y descubrirme desgarrándome. Y volver sin equipaje.

He viajado a través de una terapia recorriendo alma y cuerpo. He viajado por técnicas y vivencias, he vivido una experiencia terapéutica, y ahí reside mi aprendizaje. “Entrada sólo para locos, cuesta la razón”. En la vivencia reside la verdad, aprender desde lo mental tiene un recorrido finito, trabajar desde lo experiencial permite revivir, la clave de este aprendizaje reside en la experiencia, el pensamiento no resuelve nada. Para alguien tan mental como yo, tan escudado en el razonamiento, exige un esfuerzo constante y tenaz. No ha sido fácil, pero he podido viajar a través de técnicas y maestros que han facilitado ese trabajo y he aprendido, he revivido y experimentado; más allá de la interpretación mental he podido vivenciar mis conflictos, quedándome con la verdad que reside allí, en la experiencia misma. No sólo he conseguido un aprendizaje personal, también profesional, observando y participando en trabajos de los compañeros de grupo, de los que he podido extraer valiosas lecciones de trabajo, y sobre todo, de respeto y cuidado.

Ya venía trabajando en terapia individual el peso de ciertos mensajes, pero todavía no había acudido hasta allí, hasta la vivencia, para revivirla de nuevo y experimentarla, dándole la salida natural y sana que pedía. Comprendí la importancia que tiene en el proceso la vivencia experiencial del conflicto. Sentí físicamente el peso de todos aquellos mensajes y sufrí, pude hacerme cargo del esfuerzo que supone resistirlo, aguantarlo, sostener tanta carga. Y pude experimentar, que en mí tengo la fuerza para solucionarlo, no asumiendo y enfrentando, abriendo por fin la boca y gritando el miedo, sacando de dentro la energía bloqueada, expresando mi necesidad, negando con rotundidad y verdad el sometimiento al que me había entregado.

Reafirmándome como hombre ante una mujer, confiando en lo que soy y tengo, pudiendo mirar a los ojos con serenidad y confianza, afirmándome en mi verdad. Soy dado a la metáfora (una forma de no ser directo) y cuando se me preguntó cómo me sentía expresé que como recién duchado. Las metáforas que habitualmente uso tienden a confundir muchas veces y otras, sin embargo, señalan hábilmente con una imagen clara lo que quiero decir: me sentía limpio, reconfortado, sereno y apaciguado. Sentir así, desde la vivencia, es una experiencia totalmente terapéutica, porque el dolor y el sufrimiento se vivieron, están más allá del constructo mental, y sólo desde la experiencia se consigue darle sanación y salida, comprendiéndolo más allá de lo mental.

Viajando a través del cuerpo no he sólo he comprendido mis bloqueos, y he visto mi coraza caracterológica. He descubierto el cuerpo como detector y movilizador. El cuerpo sabe. He visto y he experimentado el trabajo a través de él, poniendo atención en el cuerpo se puede tomar conciencia; la exageración de lo gestual, de la postura, el tono de la voz permite establecer una conexión emocional, más allá de lo meramente discursivo, que nos acerca a la verdad. El cuerpo habla, se expresa y hay que atenderle porque siempre nos señala algo que el discurso tapa. Desde ahí he visto trabajar hábilmente a muchos terapeutas y ha sido un aprendizaje increíble, a nivel profesional y personal, el cuerpo es un canal de salida y de entrada, podemos acceder a través de él y de él saldrán importantes respuestas. Mi dificultad de contacto también era una dificultad corporal, me costaba mucho tocar y ser tocado, el contacto físico también lo vivo con tensión y boqueo. He sido capaz de dejarme arrastrar sintiendo mi cuerpo y otros cuerpos en contacto, dándole permiso, sintiendo su necesidad he vivido mis anhelos, me he dejado llevar y he dejado la mente de lado, y me he responsabilizado de lo que quiero y lo que no desde su movimiento. Separándome del juicio me he dejado estar y fluir con lo que acontece. He vivido ejercicios que me nutren, calman mi ansiedad arraigándome, tomando tierra. He sentido mi falta de oxígeno y mi necesidad de respirar. He aprendido a desbloquearme.

He descubierto y experimentado diferentes técnicas terapéuticas; la dinámica de polaridades, reconociendo mis auto-rechazos e integrándolos, dinámicas con cojines, silla vacía, psicodrama… Técnicas que he experimentado y me ha tocado emplear también, ejerciendo como terapeuta en diversas dinámicas en pareja y grupo. He vivido la experiencia de abordar una sesión de terapia ejerciendo de terapeuta, en intimidad y con alguien desconocido, y sentido el vértigo y la responsabilidad. La experiencia vivida fue dolorosa y gratificante. Fue un magnífico aprendizaje.

Se trataban de dos sesiones repartidas en dos días con sus respectivos seguimientos grupales. Fui utilizado, sí; y me dejé utilizar. La terapia tiene su ritmo y esta experiencia, en concreto era de apremio y jugó en mi contra tal premura. Establecer una buena relación debe ser lo primero, sintonizar y fomentar un apego seguro. A pesar del tiempo, lo intenté, y mi paciente no venía a eso. Buscaba boicotear el trabajo y me dejé arrastrar en una lucha mental, una batalla por la dominación. Fui consciente del reto que tenía delante, atisbé sus intenciones en varias ocasiones y traté de lidiar con ellas. El tiempo apremiaba y no fue fácil, tiré en ciertos momentos de arrogancia y si bien no le dejé ir, fue avasallando y con cierta agresividad. Era una lucha y entré a luchar.

Consciente de que en la base de un buen ejercicio terapéutico debe estar el amor (amor al paciente desde el valor de la persona que hay enfrente), rectifiqué en muchas ocasiones y redirigí las sesiones; en ese juego ella supo ganar y tiró al traste mi trabajo. Su objetivo era boicotear y así era imposible. Fueron muchas las lecciones aprendidas tras esa experiencia. La transferencia negativa es muy difícil de lidiar y afrontar; y menos en tan breve tiempo y sin ningún atisbo o intencionalidad de verdad, pieza clave en la terapia. El paciente desafiante y retador es muy complicado y requiere de muchos mimbres, toparse con el boicot en una relación que requiere amor y confianza fue humillante y, sin embargo, gratificante pues saqué grandes aprendizajes y conecté conmigo en el ejercicio de la terapia. Tras el odio inicial, y la rabia, comprendí que, al otro lado de un paciente desafiante y maquiavélico, boicoteador y destructivo, hay una persona que sufre y cuyas acciones y actitudes, son en muchas ocasiones, un grito de dolor. Perdoné y agradezco la experiencia. Me sentí en la serenidad y en la confianza, saboreé lo amargura de una labor sincera y en mí queda, sin embargo, un recuerdo dulce, pues conecté con mi confianza y seguridad, a pesar de la traición sentida, y errar al entrar en un juego de dominación, supe canalizar en muchas ocasiones mi energía en búsqueda de una labor de acompañamiento, apoyo y amor, dominé mis miedos e inseguridades, acerté a verme, en ocasiones, domando mi autómata ante una paciente que buscaba mi talón de Aquiles. Y reafirmé lo que quiero, la experiencia no me destruye porque mis deseos tienen cuerpo, se nutren de verdad y cada experiencia, por negativa que sea, les alimenta desde lo positivo.

COROLARIO

Con mi maleta pesada me costó avanzar, ahora viajo más ligero; conservo algún dibujo de autenticidad, por lo demás, viajo con papeles en blanco. Tras los pasos dados en todo este tiempo, la meta era el inicio y el proceso, un volver hasta mí; llego a donde partí, liviano y ligero, despojado de la locura que creí y que no era yo.

Como cinéfilo que soy, rescato la escena de los hermanos Marx en el Oeste. ¡!Traed madera!!  El tren tiene que avanzar rápido y necesita más madera, así que destrozan el tren, descomponiendo sus vagones, sacando la madera de su estructura alimentan la locomotora para que corra y avance. Este es un proceso de descomposición, de desestructura, no sólo despojarse de ideas locas, hay que integrar también los aspectos alienados(polaridades); la madera que hace pesado el tren, se integra en la locomotora, y además de hacerlo más ligero, lo nutre y hace que corra. Las resistencias, (los vagones) pasan a ser energía valiosa.

Este es el viaje de un metalero, porque de aquellos dibujos viejos que traje, sólo me quedo con él. He confrontado lo egoico y sostengo mi autenticidad. Tracé dibujos nuevos, el más importante de todos es mi hijo. La vivencia más brutal de todas. No sólo por la experiencia de ser padre, sino porque de todos los maestros él es del que más aprendo. Su libertad, su deseo desbordado y puro, su sinceridad; la emoción sin medida es su expresión. Libre de cualquier miedo y ansiedad, expresa con sinceridad dejándose llevar por lo que siente y le emociona. De su libertad e inocencia, saco el mayor de mis aprendizajes. No hay imagen que sostener ni expresión que se contenga, fluye con lo que hay.

Me he formado en una terapia desde la propia vivencia y he experimentado mis conflictos más allá de lo mental, despertando mis sentidos más dormidos y entrando en contacto; contactando con mi realidad, no con mi fantasía, ni mis ideas construidas. He aprendido de la terapia Gestalt que el objetivo del proceso es el autoapoyo, porque se trata de un proceso de responsabilización personal; dejar la necesidad de apoyarse en otro y tener la capacidad de dar otra respuesta que no sea la automática. La Gestalt es una terapia de autenticidad y es situacional, se trata de darme cuenta de cómo configuro la situación, darme cuenta de que produzco lo que vivo y soy responsable; interactúo con el ambiente pero el apoyo básico reside en mi energía, la respuesta que requiere la situación debe ser espontánea, libre de automatismos. “Una transformación ocurre desde ‘lo que quiero’ al ‘lo que requiere la situación” (Wertheimer). Mi neurosis no me deja ver, no me permite percibir; darme cuenta de los patrones que aprendí y con los que funciono de manera automática me ha permitido ver mis agujeros de personalidad (de energía) y desde ahí he aprendido a discriminar qué es mío y qué no. Lo difícil es vivir cada situación sabiendo discriminar. Pasitos de bebé. El proceso es un aprendizaje de discriminación constante para poder fluir con la situación dando la respuesta que requiere, desde la responsabilidad de mi energía; y esto, creo, no termina nunca, porque se trata del aquí y el ahora; papel en blanco.

El proceso personal ha sido fundamental para entender la labor profesional del terapeuta. Debo seguir aprendiendo a discriminar, porque la labor de discriminación como terapeuta es doble, la suya y la del paciente. El trabajo sobre el sí mismo debe continuar. El terapeuta gestáltico es un facilitador, facilitador de un proceso que sólo es responsabilidad del paciente. La creatividad es fundamental para ello, desde la libertad de acción. Se trata de una terapia experiencial y el terapeuta debe saber manejarse desde la creatividad para facilitar el darse cuenta y la toma de conciencia del paciente, confiando en esta dimensión creativa uno puede ser, gesto, movimiento, baile, silla, cojín…e integrar desde allí todas las energías que aparecen. Fluir con la situación requiere observar y ver realmente lo que el paciente se esconde, confrontando lo egoico y apoyando lo auténtico. Labor que llega si uno tiene su proceso personal bien desarrollado y vive en un constante redescubrimiento. Básicamente, todo es un proceso de percatarse de sí mismo y del otro.

Tal y como soy puedo amar y ser querido, viajo más despacio atendiendo a lo cotidiano, ya no monto rocín flaco ni lucho con molinos. Disfruto mi sencilla normalidad, soy padre y hecho familia, camino con ellos y construyo mi vida desde la necesidad real, sin locuras idealistas. Vivo más en lo que surge y tengo un sabio maestro de menos de dos años del que aprendo a diario; comparto la vida con una princesa mágica con la que batallo y amo, y vamos aprendiendo a disfrutar nuestra escala de grises[5]

Regreso del viaje desprendido de juicios, habiendo encontrado mi confianza e identificado con mis desidentificaciones; vuelvo más sereno, seguro de mí mismo y con un mirar que observa otro mundo. Vuelvo a mi hogar y todo es sorprendentemente nuevo, distinto. Avanzo con paso tranquilo y si tropiezo no me derrumbo, he aprendido a domar mi animal automático; requiere atención constante y percibir cada instante, ahora soy capaz, ahora viajo con dibujos de autenticidad y papeles en blanco. Agradecido, conozco mi felicidad y disfruto de mi escala de grises.

Bibliografía

ALBERT, JUAN JOSÉ. “Ternura y agresividad”. Ediciones La Llave

LOWEN, ALEXANDER. “El lenguaje del cuerpo” HERDER

LOWEN, ALEXANDER. “El narcisismo”. PAIDOS

NARANJO, CLAUDIO. “Carácter y neurosis”. Ediciones La Llave

Apuntes de Gestalt. Instituto Ananda. www.institutoananda.es

EL VIAJE DE UN METALERO. (proceso personal).                                       

El viaje recorrido

Eduardo Garayoa. Pamplona noviembre 2019