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Marco teórico del carácter Rígido Pasivo Femenino

Hablar del carácter PF es hablar de un carácter rígido, por tanto, no tuvo traumas iniciales que le fijaran en etapas anteriores. Su yo está firmemente asentado, tiene un gran control sobre su conducta, y una posición genital fuerte, con lo que se asegura un buen contacto con la realidad, lo que ocurre es que en el PF se encuentran unas fijaciones pregenitales relativamente importantes. Estos restos pregenitales (orales y masoquistas) le dan unos matices diferentes al resto de rígidos, los mas importantes son: la necesidad de evitar los impulsos agresivos hostiles, tendencia a la pasividad, exceso de fantasía y la oposición pasiva a cualquier forma de autoridad.
Reich describió algunas características de este tipo: Cortesía y sumisión excesiva, suavidad y cierta tendencia a ser taimado, se muestran muy amistosos, humildes y se disculpan constantemente por las cosas mas insignificantes, torpes, tímidos y detallistas. Otros autores hablan de sumisión como base. Y Fenichel los define como: ” personas en la que ciertos rasgos femeninos son tan evidentes que determinan un aspecto de su personalidad”
Podríamos añadir algunos adjetivos como: Hedonista, insatisfecho, critico, escéptico, rebelde, indisciplinado, evita conflictos, seductor, manipulador, alegre, servicial, encantador, miedo al compromiso, fantasioso, idealista, narcisista, autoindulgente, sabelotodo, charlatán, hipersensible, etc.
El carácter PF, según Lowen, se basa en la agresividad en el trabajo y a nivel genital, con una armadura que se manifiesta tanto emocional como muscularmente, con un yo firmemente asentado aunque su fuerza sea inversamente proporcional al grado de rigidez. El comportamiento está bajo control, no padece de ansiedad y se atiende estrictamente a la función de realidad. Lo que ocurre es que es muy raro encontrar un carácter rígido en estado puro, así que suelen aparecer trazas orales o masoquistas.
Cuando aparecen sentimientos de dependencia, vacío interior y depresión alternados con estados de euforia, debilidad en la función agresiva, estaríamos hablando de trazas orales y cuando nos encontramos con un carácter provocativo más que agresivo, donde la pauta es esfuerzo-fracaso, autoafirmación-derrumbamiento, terminando en una situación de ciénaga, ya que las tensiones internas son tan fuertes que le es imposible mantener una acción prolongada, estaríamos hablando de masoquismo.
Antes de entrar en la relación con las figuras parentales vale la pena recordar que, en un marco ideal, el niño en la fase inicial de su desarrollo “se encuentra en un estado de fusión con la madre, pronto percibe la posibilidad de independencia y libertad que le ofrece el padre y seguidamente la madre renuncia a la posesión y permite y apoya este movimiento hacia el padre, finalmente la madre inviste al padre de poder afectivo para que pueda ser percibido por el niño como un receptor seguro y adecuado a sus intereses de expansión, sin poner por ello en peligro el amor de la madre”
Este conflicto produce una retirada de la energía de los genitales hacia el tórax y la cabeza, para evitar la intensa angustia genital (fantasía de incesto), solo se retira la suficiente energía para reducir el conflicto y evitar la parálisis. A consecuencia de este desplazamiento de la energía hacia el tórax y la cabeza, este carácter desarrolla por un lado actitudes femeninas y por otro un cierto bloqueo de la agresividad intelectual que se manifiesta como un exceso de actividad planificadora fantaseada (sin creación real).
Este desplazamiento energético es en realidad un impulso sexual en función defensiva por lo cual su feminidad está disociada de componentes emocionales profundos. Si esta energía se devuelve hacia abajo con la intensidad suficiente, el conflicto edípico se reactiva, lo que da lugar a una fuerte resistencia. La situación de transferencia se intensifica.
“Para lograr el desbloqueo la acción sobre las piernas ha de llevarse a un punto que produzca dolor. Hay que movilizar la agresividad, dar golpes hasta un punto próximo al colapso, las tensiones que impiden el movimiento de la pelvis hacia adelante y de la mandíbula han de ser liberados, lo que también resultará doloroso. Las manipulaciones han de ser coordinadas con un profundo análisis del carácter, de manera que el paciente sea plenamente consciente de la necesidad de semejante acción.”
No debemos subestimar los sentimientos de desesperación que aparecen el PF que no opta por la homosexualidad como vía de escape, a diferencia del homosexual el PF está asentado en la genitalidad aunque inmovilizado por el temor. Esta rigidez produce una sensación de apoyo y seguridad que no es otra que una defensa masoquista ante la amenaza de derrumbamiento. Esta rigidez le diferencia al PF del resto de rígidos.
La agresión está bloqueada por la intensa ansiedad de castración y la regresión se ve impedida por el intenso temor a la homosexualidad. La estructura de PF está asentada en la genitalidad, aunque inmovilizada por el temor, esta rigidez termina por suprimir casi por completo la agresividad masculina, a la que renuncia asumiendo una actitud pasiva.
Carece, por una parte, de la impulsividad de los caracteres pregenitales y por otra de la agresividad que distingue al varón fálico. Como su impulso agresivo está mas inmovilizado que el tierno, para expresar y confirmar su necesidad neurótica de poder desarrollarán tácticas intelectuales de seducción y auto seducción En terapia el PF se muestra amable, sumiso, aparentemente participativo, pero en el fondo, está controlando la situación, es como si se hiciera terapia si mismo, mide, analiza y enjuicia al terapeuta.
Cuando se ve confrontado afloran todos sus mecanismos: seducción, elocuencia, racionalismo, autoindulgencia, están encantados de escucharse a si mismos y cuando dan algo de su dolor interno es solo para demostrar al terapeuta y sobre todo así mismos lo trabajados que están. Aunque la figura de un “padre” fuerte y rescatador es siempre recibida con sensación de tranquilidad.
En terapia no muestra el odio hacia su padre, hay que hacerle ver que su amabilidad, su sumisión y su deseo de agradar al analista, ocultan un profundo odio hacia el varón que ocupa una posición de superioridad, es importante que lo sientan no que lo entiendan, este proceso es profundamente doloroso y sobre todo invariablemente lento, podríamos decir que son pacientes difíciles de tratar.  En un modo superficial su conflicto psicológico se centra en la actitud hacia la mujer, con la que puede actuar como un niño si esta es madura e independiente o como un padre si es joven y dependiente. Lo que le es difícil es colocarse como un hombre que precisa una mujer.
En la relación de pareja parece que establecen un contacto intenso, pero este es solamente superficial y sin que haya realmente una relación de compromiso, es mas, el PF es el carácter más fóbico al compromiso, más incluso que el esquizoide, pues al menos este se compromete consigo mismo. Esta dificultad para el compromiso favorece una tendencia a la promiscuidad sexual (mas fantasía que satisfacción real) y una dificultad para mantener relaciones estables no dependientes (consecuencia de sus fijaciones pregenitales).
El PF obtenía su lugar de poder a través del contacto tierno y erótico con el progenitor del sexo opuesto, así que el conectar con su fuerza genital le conecta con una constante angustia incestuosa por carencia de límites, la otra opción sería separarse del progenitor de sexo contrario lo que significaría perder la posición de poder y quedarse en el vacío. Al final la opción energéticamente más económica es la desconexión de su propio impulso genital.
En la infancia se vio obligado a reprimir sus impulsos agresivos hacia el progenitor de distinto sexo así que es probable que más tarde aparezcan actitudes sádicas y además este permitió contactos eróticos reales desde una actitud de descuido o disimulo, ni aprueba ni rechaza (sin límites reales), esta actitud es vivida por el niño como una transgresión consentida pero no apoyada manifiestamente, lo que a la postre marcara sus relaciones con un rasgo de perversión.
También es importante señalar que el PF no tiene claros los límites entre fantasía y realidad porque como hemos visto sus progenitores no supieron ponérselos con suficiente claridad y fue el mismo en que en su infancia tuvo que ponérselos.
En la mujer, la estructura puede ser definida como masculino agresiva, ya que su pauta de comportamiento está dominada por una actitud agresiva frente al hombre, esta agresividad es un impulso del yo y no un impulso genital (una agresividad asexualizada). De su temprana frustración a nivel genital es el hombre el que se convierte en receptor de todo su odio y sin embargo a un nivel más profundo (pregenital) desean ser obligadas y sometidas (parte masoquista). La parte masculina de este carácter aparece como resultado de un trastorno de la personalidad femenina, que tiende a hacer disminuir sus cualidades femeninas naturales.
Gorka Iguiñiz Urbina. Pamplona, Agosto 2.014