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Límite o frontera de contacto - Teoría Gestalt

Es el punto en el que se experimenta el Yo (organismo) en relación con lo que no es el Yo (ambiente). Se construye a lo largo de toda la vida, tiene que ver con todo lo vivido y aprendido en el crecimiento de la persona, es lo intrínseco que posibilita el cambiar cada encuentro y ajustarlo creativamente en las distintas situaciones de vida. Los límites son procesos de la experiencia, un límite es un proceso de separar y conectar. El proceso de contacto es el órgano de encuentro, es el compromiso con el ambiente.
La “frontera o límite” no se refiere a algo que separa al organismo de su ambiente, más bien limita al organismo y su ambiente, lo contiene, lo protege. Una persona existe al diferenciarse de otra y al contactarse con otra, éstas son las dos funciones de un límite, para estar bien contactado con el mundo propio es necesario que la persona se arriesgue a descubrir y llegar a los propios limites.
Al actuar dentro de los límites el contacto se puede desarrollar con satisfacción. Si lo hacemos desde el límite mismo, el límite de la frontera del yo, el contacto se hace con mas riesgo y la posible satisfacción es mas incierta, y, traspasando nuestro límite el contacto es mas bien imposible, ya que, o no estamos actuando en función de nuestra necesidad real, o bien, estamos expuestos a una situación que nuestro organismo no puede tolerar, sea físico o psíquico, falta de alguna necesidad física básica, o situaciones psicológicas que excedan la experiencia admisible para la persona, y que lleven a la interrupción del contacto (bloqueos, pérdidas de memoria o conciencia, dolor por la pérdida, alteración del estado de ánimo…)
La forma en que una persona bloquea o permite la conciencia y la actividad en la frontera de contacto es su forma de mantener el sentido de sus propios límites. (Polster`s)
El contacto es una función que se desarrolla en la frontera que une a la persona y a la vez la separa de otros, esos otros pueden ser otro organismo, un objeto inanimado, o incluso una nueva cualidad o habilidad que la persona ha desarrollado en si mismo. Los límites eficaces no son rígidos, son permeables y permiten encuentros en libertad entre el organismo y el ambiente, son flexibles para poder abrir y cerrar la gestalt.
La frontera de contacto se construye a lo largo de toda la vida, tiene la característica intrínseca de cambio que permite a la persona realizar un ajuste adecuado y creativo en las distintas situaciones por las que va atravesando y es determinada por todas las experiencias de vida, por aptitudes aprendidas que sirven para vivenciar nuevas contactos.
Conforme la persona va creciendo va fortaleciendo una capacidad de afrontamiento en determinados aspectos, pero esto a la vez puede traer resistencias en el crecimiento de otros aspectos de su vida, de su frontera, zonas que quedan rezagadas y que siguen anclando a la persona en la inseguridad y la duda.
El miedo a la ruptura de la frontera habitual es mas fuerte internamente que la voracidad por lo nuevo, la persona por mucho que explore y modifique siempre tendrá a su disposición sus conocidas actitudes ante el mundo, sus normas ya conocidas de conducta y los viejos propósitos, evidentes o encubiertos, que motivaban su quehacer, los que, puestos a su servicio, transformando la actitud manipulativa que pudieran causar en el entorno, y en el conocimiento de las consecuencias hacia uno mismo y hacia el mundo, pueden servir para establecer una adecuada relación de contacto con el mundo.
Los Polster´s presentan en su libro diferentes aspectos de la Frontera del Yo. Aspectos único, relacionados entre si, que constituyen una totalidad, y que son mas allá que la suma de sus partes, son la frontera del “yo” y determinan el comportamiento de la persona consigo misma y con el mundo que le rodea.
Frontera del cuerpo:
Se va haciendo a través de las experiencias concretas de la persona con su cuerpo en cada momento de su desarrollo físico, es la integración de la energía psicológica a través del organismo. A través de la somatización de nuestros contactos vamos perfilando el límite corporal con el entorno. Si el contacto se establece con naturalidad y espontáneamente, con la totalidad del cuerpo, vamos perfilando un límite claro de contacto que nos beneficia en nuestro mundo de relación.
Conforme vamos cambiando tanto en nuestro aspecto corporal como en su funcionalidad, podremos ir desarrollando sanamente el aspecto de nuestra frontera corporal y delimitaremos con claridad tanto la cantidad como la calidad de contacto que necesita nuestro organismo para que la energía somática fluya adecuadamente ante cada nueva relación.
Frontera de los valores:
La integración de los tres mundos, intrínseco, extrínseco y sistémico, tanto a nivel interno como externo. La capacidad intrínseca de relación está fundada en la capacidad de percepción del sí mismo y del otro, en asumir la propia vivencia sin ponerla fuera, en el respeto a la vida, la capacidad de compromiso, el concepto que uno tiene de sí mismo, la comprensión y la capacidad para poder plantearse al otro, en lo que es, sin expectativas y en la manifestación externa de uno mismo, de lo que entrega al mundo y de lo que el mundo ve de él.
La parte extrínseca son las realidades externas, la acción. Carácter, trabajo, profesión, roles en la vida, cosas, imagen y status social. Está relacionado con la creatividad. Es la relación con mundo y universo y contempla la satisfacción de las necesidades, de forma inmediata, a medio y largo plazo. Es el manejo de los medios para la acción, la capacidad para integrarse en el sistema y la capacidad para relacionarse con el otro en lo afectivo.
Estos dos mundos están regulados por el mundo sistémico, construido en base a creencias, al “sistema de normas” que rige la educación de la persona, tanto a nivel externo, leyes y reglas que funcionan con un sistema exterior establecido, norma social, como a nivel interno, norma interna que tiene que ver con las expectativas, objetivos, ideales y reglas que derivan de la educación recibida, “el deber-ser”, impuesto y asumido como norma moral, que nos hace comportarnos de una determinada manera ante el otro.
Si no está integrado con la necesidad de la persona tenderá a la rigidez y rebeldía, e impedirá verse a uno mismo y al otro mas allá del mundo de creencias propio, y si se ha ido constituyendo con flexibilidad, dará espacio para una actitud más abierta a la experiencia facilitando a la persona el extraer de cada situación vivida lo que le sea útil y gratificante para su crecimiento. Marca el límite del contacto admisible en función de la ética de cada persona.
Frontera de la familiaridad:
El miedo al cambio, el miedo a lo desconocido, el miedo al fracaso, el miedo a la muerte en definitiva. Miedos que hacen que las personas prefieran vivir limitadas en ambientes ya conocidos, el terror, el miedo al caos. Dice Perls que una polaridad de la impotencia es el exceso de control, control que conlleva inmovilismo, ya que por intentar controlarlo todo me paralizo, es imposible que pueda hacerlo. Frontera que se va formando a lo largo de la vida y en general no funciona como obstáculo para el crecimiento hasta que hemos de afrontar algo nuevo o desconocido.
Frontera íntimamente unida al miedo a la soledad y a uno de los tres venenos budistas: “el apego”, quedarse fundido con algo que alguna vez sirvió y que quedó estereotipado como algo conveniente y actitud generalizada ante la vida. Por el temor a lo desconocido no se toleran cambios en el modo de vida que pueden traer caos en un principio, pero que al darle el tiempo para que maduren, sus beneficios impulsan a la persona a un nuevo punto de equilibrio, producto del crecimiento no interrumpido y facilitado por la flexibilidad de la frontera que haya desarrollado al funcionar de un modo abierto a los cambios y a las novedades. La flexibilidad de esta frontera estará determinada por la variedad de experiencias vividas desde niños, que permiten tener una actitud abierta en un contacto saludable con las nuevas experiencias que siempre se presentarán. Este aspecto marca el límite de tolerancia a las novedades.
Frontera expresiva:
Los tabúes contra el comportamiento expresivo empiezan temprano: no toques, no te muevas, no llores, no te masturbes, no te hagas pis…. y así se van trazando las fronteras. (Polster`s)
Las prohibiciones originales las transformamos en el crecimiento dotándolas de otras formas de comportamiento mas acordes a nuestra edad pero que sutilmente tienen el mismo resultado de prohibición. Reprimimos la expresión adulta en función de las fronteras establecidas desde niños. Al estimular nuevas conductas de expresividad en la manifestación de las emociones propias, de lo que podemos sentir en cada momento de nuestra existencia, nos podemos permitir el ampliar nuestra frontera expresiva dotándonos de la apertura necesaria para poder vivir el auto apoyo. Reprimimos nuestro contenido emocional por temor a repetir viejos esquemas aprendidos de frustración, insatisfacción y desencanto.
Expresar con libertad el contacto amoroso, el afecto hacia los iguales, lágrimas de emoción ante situaciones de hondo contenido emocional, permitir en libertad la expresividad del vacío, la frustración o la tristeza del otro, dar y recibir apoyo emocional sin sentirse incómodo o no apropiado por hacerlo. Admitir la agresividad propia y del otro como elemento necesario, y no desproporcionado, de respuesta ante situaciones que originen miedo. En resumen, ampliar el límite de la expresividad emocional hasta el contacto admisible por nosotros mismos a cada situación concreta vivida.
Frontera de la exposición:
Exponerse siempre es peligroso, normalmente no llamamos la atención de la gente mas allá de los límites que nos establecemos , tal vez no queramos parecer estupendos, o tal vez no queramos inspirar lástima exhibiendo nuestro sentimiento interno, o tal vez callemos por temor a resultar agresivos, hay muchas causas en lo aprendido que conllevan un férreo límite en la exposición.
El secreto es común a todos nosotros, todos tenemos algo que no llegamos a comunicar a los demás: Experiencias, pensamientos, deseos que nos reservamos, manteniendo su conocimiento para unos pocos, es mas, hay algo propio que no se da a conocer puesto que hay una parte nuestra que no lo acepta, que es algo que “no debemos” tener y por tanto no lo aceptamos. Tenemos algunos secretos asociados a sentimientos vergonzosos o de rechazo tan fuertes que producen una negación de la experiencia.
Con algunos secretos una parte de la experiencia o casi toda ella no está representada en nuestra estructura mental y así permanece apartada en archivos ocultos que llenan nuestro sistema, pero a los que no tenemos acceso directo. La experiencia tiene tal carga emocional, que es negada a la conciencia y a nuestro mundo de relaciones, no se digiere y genera tensión y sufrimiento. Al excluir estas experiencias como propias dañamos el contenido de nuestra estructura mental ya que queda un mapa incompleto que no refleja la totalidad del territorio. A pesar de que este “mapa” es de gran importancia para la vida pues representa en el interno el mundo de las experiencias vividas. Es la referencia para poder vivir, y al estar incompleto entorpece el contacto con el mundo. El secreto por lo general está mas vinculado a personas con predominio de valores rígidos y morales, donde el “pecado” y “la culpa” están muy presentes.
Cuando estos valores no aceptan la experiencia es guardada en secreto en archivos ocultos. Cuesta mucho transformar, flexibilizar el paso de la experiencia reprimida, ya que el costo es muy grande y viene acompañado de sufrimiento. Kortibsky (citado por los Polster`s) describe cuatro tipos de expresión: Bloqueada, inhibida, exhibicionista y espontánea.
En la etapa del bloqueo la persona ni siquiera sabe que quiere expresar
En la etapa inhibida lo sabe, pero no lo expresa
En la exhibicionista expresa lo que quiere, aunque no ha integrado o asimilado la expresión en su sistema. En esta etapa la expresión puede pecar de torpe y de no auténtica, pero es inevitable porque la persona está aprendiendo expresiones nuevas, y no puede diferir su ensayo hasta haberlas asimilado por completo.
Por fin alcanza la etapa espontánea cuando expresa lo que quiere, comprometiéndose plenamente en la expresión, que es compatible con sus deseos y está asimilada a ellos. Conforme la persona se desarrolla, si la relación que establece con el ambiente es espontánea, y comprometida y está acorde con sus deseos y sentimientos, el límite de la expresividad será saludable.
Esto se puede lograr en el equilibrio de la exposición, habiéndose permitido atravesar la etapa exhibicionista y actuando con espontaneidad, de manera equilibrada y natural, sin exageraciones ni bloqueos. Esta frontera marca los límites que regulan el modo en que cada persona “se muestra” a sí misma en su ambiente.
Según E. y M. Polster “La selectividad para el contacto determinada por la frontera del yo, gobernará el estilo de vida de un individuo, incluso la elección de sus amigos, y trabajo, lugar de residencia, fantasías, amores, y todas las experiencias psíquicamente relevantes para su existencia. La forma en que una persona bloquea o permite la conciencia y la actividad en la frontera de contacto, es su forma de mantener el sentido de sus propios límites”.

Fronteras del contacto. Límites
Apuntes de formación
Pamplona, Marzo 2.005
Melchor Alzueta