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Ansiedad, Estrés y Somatización. 2018. Ana María Domínguez Silva                                   

El estrés socialmente aquí y ahora

El estrés se lleva investigando en psicología desde el siglo pasado y cada vez aumenta más el interés por su estudio, dadas las repercusiones sociales que esté está teniendo especialmente en las sociedades occidentales.
Bajo mi punto de vista, en el momento actual no se puede hacer un estudio o análisis del estrés sin tener en cuenta el sistema social en el que nos estamos articulando o por lo menos desde donde yo veo, que a mí particularmente me afecta.
Independientemente de mi vulnerabilidad al estrés o mi mayor sensibilidad a tomarme ciertas situaciones como estresantes, con respecto a otras personas, vivir en lo que yo denomino la “sociedad de la prisa” no me ayuda nada. Cojo la expresión de Mafalda de Quino “Por favor paren el mundo, que yo me bajo aquí” para ilustrarlo.
La sociedad capitalista, globalizada y patriarcal, además de generarnos una inercia hacia la individualización, perdiendo así las herramientas que teníamos como personas para actuar y operar en red con otras personas, aboga por el desarrollo económico y mercantil, como únicos objetivos y además aquí las personas valemos poco, pero además algunas valemos menos que otras.
Esto se representa en cierto modo con la teoría del iceberg, un iceberg tiene aproximadamente el 90% de su totalidad sumergido en el agua y no se puede ver, la punta es lo único visible sobre el agua y es tan sólo el 10% restante. El 10% visible en el sistema es el capital, este sistema hace que veamos sólo esa pequeña parte del todo, y lo que queda debajo del agua invisible y que sostiene a ese 10%, somos las personas y el medio en el que vivimos “amalurra”, que somos el 90% restante. Este sistema no se puede hacer cargo de visibilizar la parte invisible, al menos no dentro de sus fórmulas mercantiles, no podría pagar los costes que esto supone (cuidados necesarios hacia las personas, impactos ambientales hacia el medio, etc.) y cómo poco supondría una desaceleración en el crecimiento que el capitalismo entiende como ilimitado.
Este 90% que sostiene todo el sistema, necesita de cuidados y tiempos para la vida y desarrollar un buen vivir, lo que se denomina ahora desde los movimientos ecologistas y feministas, poner la vida en el centro. Pero poner la vida en el centro para el sistema capitalista neoliberal que sólo tiene interés en el capital, además de una desaceleración en el crecimiento anteriormente citada, requería de una nueva reorganización social donde no hubiera un reparto desigual de trabajos y de las tareas de cuidados entre hombres y mujeres, además de una responsabilidad del sistema en internalizar los cuidados de la vida como parte del todo.
Hay lecturas muy interesantes respecto a la forma en que interactúan el sistema del capital y el patriarcado, sobre el medio ambiente y las personas, desde lo que se ha denominado ecofeminismo como “Con voz propia. La economía feminista como apuesta teórica y política” de Yayo Herrero et al., 2014, o “Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida” de Amaia Pérez Orozco, 2014.
Como dice Yayo Herrero, las personas somos eco- dependientes, necesitamos de los recursos naturales de nuestro entorno que además son limitados, e interdependientes, necesitamos de otras personas para los cuidados mínimos de la vida desde que nacemos hasta que morimos, con distinta intensidad según nuestra etapa de desarrollo.
Si nos pusiéramos bajo el ejemplo de una mujer que tiene una jornada laboral completa, que además es mamá y tiene que atender a las labores de crianza, que además tiene una familia con un padre y una madre a los que quizá tiene que empezar a cuidar, y además de todo lo anterior tiene que gestionar las tareas domésticas cotidianas de las personas a su cuidado, además de las tareas de autocuidado ¿Dónde queda esta mujer? ¿Es sensible en algún momento a tener un estrés continuado? Esta situación es quizás extrema o quizás no, pero cuanto menos es cotidiana y quizás sólo se pueda sostener en el tiempo con una desconexión sobre el cuerpo y la emoción, hasta que el cuerpo no puede más y nos avisa que necesita otro camino.
La manera en la que se articula la sociedad actual nos aboga a desconectarnos de nuestro cuerpo y de nuestras emociones, y esto está generando muchas tensiones y lo que se denomina una crisis global de cuidados. Con estos ingredientes no me resulta raro ni sorprendente ver los datos de morbilidad sobre el estrés y la ansiedad.
Desde una visión feminista, se ve como además socialmente estamos adoptando roles masculinizados porque están más aceptados socialmente que los roles feminizados, tanto hombres como mujeres. Esto se materializa por ejemplo en la dualidad mente (asociado a lo masculino) cuerpo (asociado a lo femenino) a optar por el rol mental, así como en la dualidad razón-emoción, a optar por el rol de la razón.
Esta forma en la que nos desconectamos como mujeres de nuestro cuerpo se ilustra de algún modo en el libro “Ser mujer un viaje heroico” de Maurren Murdock (1990), que es una invitación a que la mujer se reconecte con su instinto en lugar de coger roles de poder y de socialización masculinizados o en el libro “Nacidas para el placer” de Mireia Darder (2014), que aboga por una reconexión de la mujer con su sexualidad perdida, por adherirse a una sexualidad falocéntrica y desconectada de su ser mujer.
Otro factor social que no podemos obviar es la “certeza”. Se ha vivido durante varias generaciones con la certeza de que, si te esforzabas mucho por lo que querías conseguir, lo conseguirías ya fuera trabajando, estudiando, etc. y esto repercutiría de manera directa en tu bienestar y desarrollo. No lo digo como algo que no conozco, lo he vivido directamente en mi familia esta certeza. Desde los movimientos sociales se habla de algo así como el espejismo del capitalismo, queriendo decir que desde el capital se nos ha hecho creer que valía la pena todo ese esfuerzo por lo réditos que se iban a conseguir, el problema llega cuando no hay pastel para todos y todas.
Sin entrar mucho a desarrollar este aspecto social, a donde quiero llegar es al concepto de “incertidumbre”, vivimos en un momento social en el que las cosas no son como nos habían hecho creer que eran y esto y más aspectos, no quiero ser reduccionista, nos abogan a vivir en un plano de gran incertidumbre social, con cuestiones esenciales para la vida, como son los básicos de supervivencia: trabajo, vivienda, alimentación, etc. Necesitamos cubrir las necesidades básicas y esto me lleva a hacer referencia a la pirámide de Maslow y a las necesidades de seguridad en el empleo, en la propiedad, el alimento o abrigo, necesidades que socialmente no están cubiertas para todas las personas y para muchas otras, se vive con incertidumbre la posibilidad de cubrirlas.
Además, otro factor que no hay que obviar es cómo nos relacionamos y comunicamos, en esta sociedad de la prisa, con redes sociales que tienen un carácter inmediato y por titulares que no ocupan más de 140 caracteres y medios de comunicación, en lo que lo que es noticia lo es durante dos semanas y luego se olvida, además de que estamos sobresaturadas de información.
No es extraño que, con estos ingredientes, se haya acuñado el término “mimi” en la psicología, “mí” bienestar, “mí” felicidad y de forma inmediata. El “mí” ya nos está hablando de la individualidad por un lado y por otro este fenómeno nos está hablando de personas jóvenes de las últimas generaciones, especialmente preocupadas por la imagen que proyectan en el exterior a través de las redes sociales y que quieren resultados de manera inmediata, que si no consiguen les generan emociones de frustración, ira y ansiedad, que tampoco tienen capacidad de gestionar.
Todos estos factores los describiría sin duda como estresantes y requieren de consciencia y trabajo personal, para no dejarse llevar por esta inercia social en los distintos ámbitos de la vida: laboral, personal, etc., más allá de la vulnerabilidad individual de cada una o capacidad adaptativa a las circunstancias sociales en las que vivimos. También requieren de incorporar una visión de género en el análisis, ya que aporta una mirada más amplia y de conjunto de la situación social en la que nos encontramos inmersas.

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA ANSIEDAD

 ¿Qué es la ansiedad?

Atendiendo a la psicología cognitiva-conductual, María Isabel Viedma del Jesús (2008), apunta a que el primer problema a la hora de conceptualizar ansiedad; son las múltiples formas en que ésta ha sido entendida. Dice, que esta ha sido estudiada como reacción emocional, respuesta o patrón de respuestas, rasgo de personalidad, estado, síntoma, síndrome y experiencia interna. También apunta a la dificultad de que otros términos se hayan utilizado como equivalentes tales como: angustia, estrés, temor, miedo, amenaza, frustración, tensión, neurosis experimental, arousal, etc.
Parece que en los últimos años se está produciendo un acercamiento entre las distintas posiciones y que actualmente la ansiedad entendida como respuesta emocional, tiende a ser concebida como un patrón de respuesta múltiple donde interactúan tres sistemas de respuesta: cognitivo, fisiológico y motor (M.I. Viedma de Jesús, 2008).
Desde una perspectiva Gestalt, Ceballos Montalvo (2017) aporta al estudio su ensayo “Teorías de la ansiedad en la terapia Gestalt” donde dice que hay dos enfoques principales, de aproximación a la ansiedad: “(a) el que trata a la ansiedad y su relación con la excitación y (b) el que ve a la ansiedad relacionada con el tiempo (Brito, 2007). Una perspectiva adicional es la desarrollada por L. Perls (1992/1994) en la que vincula a la ansiedad con la pérdida de apoyo”.
Esto lleva a explicar primero el concepto de excitación según la Gestalt.  Una explicación a este concepto la encontramos en la tesina de Esperanza Miravalles (2006) donde dice que la Terapia Gestalt se basa en una teoría sobre la excitación y crecimiento de la personalidad humana, desarrollando, a partir de la idea de campo organismo-entorno como un proceso relacional en el aquí y el ahora, el concepto del self y sus funciones, funciones que implican la excitación creativa y el crecimiento a través del proceso de contacto.
En el artículo anteriormente citado de Ceballos (2017) dice: “Cuando la excitación, en forma indiferenciada o general, del organismo fluye hacia una figura o gestalt en formación ésta se experimenta en forma de emociones (Latner, 1994). A este proceso de cambio de una excitación indiferenciada hacia una específica Perls (1977/2012a) lo denominó Teoría de la Transformación. Este proceso tiene lugar dentro de una situación de campo en donde el organismo busca la satisfacción de sus necesidades apremiantes a fin de restablecer el equilibrio. A nivel psicológico la excitación se experimenta como un sentimiento o emoción que acompaña al proceso de formación de la gestalt o figura.” Según la teoría de la ansiedad en su relación con la excitación, cuando la excitación es frenada o inmovilizada se produce la ansiedad.
El artículo de Ceballos (2017) hace una cronología de cómo evoluciona el concepto de ansiedad desde las distintas teorías que desde la Gestalt intentan abordarla. De manera que la ansiedad es conceptualiza por Perls en “Yo, hambre y agresión”, como excitación más el abastecimiento inadecuado de oxígeno y se amplía esta concepción como una interrupción de la excitación creativa a partir del libro “Terapia Gestalt: Excitación y crecimiento de la personalidad humana” que escribieron Perls, Hefferline y Goodman en 1951.
Citando a Ceballos (2017) en relación a la interrupción de la excitación creativa: “De acuerdo con Perls et al (1951/2002) ocurren cinco momentos de interrupción: 1) antes de la nueva excitación primaria: confluencia; 2) durante la excitación: introyección; 3) al enfrentarse al entorno: proyección; 4) durante el conflicto y la destrucción: retroflexión y 5) en el contacto final: el egotismo. La etapa concreta de interrupción es significativa y determina el hábito neurótico que se aprende.”
En los años 60, Perls hace una nueva ampliación de la visión sobre la ansiedad, incorporando la tensión entre el aquí y el después, es decir, añadiendo a éstas las nociones de tiempo, expectativas catastróficas y la representación de roles como elementos esenciales en la génesis de la ansiedad (Ceballos, 2017).
Relacionado con esta última visión más amplia de ansiedad, Perls introduce el concepto de fantasía como un factor importante que desencadena la ansiedad. Entiende la fantasía como aquellas imágenes que nos hacemos de la realidad (soñar, imaginar, anticipar, uso de símbolos, etc.), que, aunque tienen el propósito de ahorrar tiempo y energía a la persona, la realidad reproducida a nivel de fantasía puede desviarse de la misma y quedar formada por representaciones simbólicas completamente diferentes de los objetos que originalmente significaban.
La actividad fantasiosa también implica un ponerse en el futuro, donde nos preparamos para los roles futuros que queremos representar. Perls dice que al dejar de tener contacto con la realidad puede derivar en un volverse fóbico al no tolerar la frustración de no cumplirse sus expectativas y esto puede llevar a tener conductas evasivas.
Relacionado con la visión de Laura Perls que relaciona la ansiedad con la falta de apoyo, la tesina de Esperanza Miravalles (2006) ahonda en esta visión hablando de la ansiedad como amenaza a una ruptura de la confluencia. Esto está relacionado a su vez, con la interrupción de la excitación creativa, donde Perls menciona 5 momentos en los que puede ser interrumpida y sitúa a la confluencia como el mecanismo que la paraliza antes de una nueva excitación primaria.
Dice Miravalles (2006) que “la confluencia supone la pérdida del contacto, es decir, no se tiene consciencia de la diferencia entre “yo” y el “otro”; por eso cuando en la relación Organismo / entorno, Yo / lo otro, aparece como figura algo que suponga darse cuenta de la diferencia entre las partes, que hasta ahora eran como un todo indiferenciado, es vivido como una amenaza, como si la posibilidad fuera lo mismo que arrancarle un trozo de sí mismo, apareciendo la ansiedad”.
Por último, Ceballos (2017) destaca dentro de los últimos desarrollos teóricos en torno a la ansiedad, la perspectiva corporal, donde destaca el trabajo de Kepner (2010), que critica la visión clásica de ansiedad como excitación menos oxígeno, desde los avances que ha habido en fisiología.
Kepner (2010) entiende la disminución de la respiración como una forma de desconectarse de las sensaciones corporales de la ansiedad, y dice que esta sensación puede ser excitación, pero es más probable que sea tristeza, pérdida, soledad, ira, vergüenza, etc.  Propone una nueva definición de ansiedad “La reacción de emergencia a un sentimiento creciente en el cuerpo del cual nos hemos desconectado a través de la respiración disminuida, la tensión muscular y la retirada de conciencia, la energía y el sentido de pertenencia”.
Su relación con el miedo
La ansiedad va a tener cualidades concretas depeniendo del tipo de excitación que se haya bloqueado, aunque lo más frecuente es que ésta se encuentre matizada por el miedo (Ceballos, 2017).
El miedo es una emoción básica y adaptativa, que permite a las especies interactuar con su medio garantizando su supervivencia. El miedo que se relaciona con la ansiedad es el que se denomina “miedo patológico”, este miedo no es adaptativo, ni cursa con una amenaza real. Un miedo se convierte en patológico, cuando no puede ser gestionado por uno mismo, es decir, cuando provoca un estado que es percibido por el individuo que lo padece como algo fuera de su control, y sus propios recursos resultan insuficientes para afrontarlo (Rudolph y Roig, 2005).
A menudo se superponen los conceptos de miedo y ansiedad, como si fueran lo mismo, Rudolph y Roig (2005) diferencian ambas realidades diciendo que el miedo es una percepción que desencadena una emoción que, a su vez, genera una reacción psicofisiológica, en cambio la ansiedad, es sólo el efecto psicofisiológico de esta percepción-emoción. También dicen que a menudo no se tiene en cuenta que la ansiedad, como activación del organismo, permite que éste haga frente al miedo, en cambio si la ansiedad, se eleva demasiado de cierto nivel, puede transformarse en la causa del miedo.
El miedo patológico que es irracional y distorsiona la realidad en su punto de máxima expresión puede derivar en un ataque de pánico. El ataque de pánico tiene una gran variedad de síntomas fisiológicos como taquicardia, sensación de ahogo, visión panorámica y borrosa, hormigueo en las extremidades, sudor frío, náuseas e intensa sensación de irrealidad, y a nivel mental-emocional es vivido por la persona de dos formas: temor a volverse loco y/o miedo a morir (Rudolph y Roig, 2005).

La ansiedad y la somatización

Están ampliamente documentados una gran variedad de síntomas físicos, conductuales y cognitivos, que pueden estar asociados a la ansiedad. La ansiedad puede derivarse en una somatización de síntomas físicos, que a priori, la persona no relaciona con la ansiedad misma, sino con otras posibles enfermedades.  Según Harold Muñoz (2009), desde el punto de vista psicológico la somatización se entiende como un mecanismo de defensa inconsciente mediante el cual una persona sin proponérselo convierte el malestar emocional en un síntoma físico, desviando así la atención del conflicto psicológico que le genera ansiedad.
En los trastornos de ansiedad y especialmente en el de pánico, la somatización suele estar presente ya que los pacientes continuamente monitorean su cuerpo en búsqueda de sensaciones que les indique que la crisis va a repetirse, amplificándolas y connotándolas como amenazantes y catastróficas (H. Muñoz, 2009).
En base al artículo de Amalia Castro, “Bioenergética y Gestalt. Una visión Integradora”, me parece interesante aportar al análisis de la ansiedad y la somatización lo siguiente:
  • Dice Lowen que el carácter tiene dos aspectos, uno psicológico y otro somático o muscular. La parte somática del carácter sería la que se estructura de forma fija y rígida en el cuerpo, impidiendo que la energía fluya adecuadamente. La parte psicológica son los mecanismos de defensa que la persona usa para protegerse de sus impulsos. Tanto la parte psicológica como la somática se conforman y estructuran de tal manera que hacen que la persona tenga unos patrones de actuación frente a situaciones que vive como conflictivas en su vida.
  • Desde la visión de la Gestalt, me parece especialmente interesante el mecanismo de defensa de la retroflexión, en el análisis de la ansiedad y la somatización. Entendiendo la retroflexión como el mecanismo de defensa por el cual la persona descarga la hostilidad sobre sí misma, como una forma de autodirigirse la agresión, además de desconectarse de las emociones que le están sucediendo como la ira o la rabia.
La visión bioenergética de Lowen amplía la mirada que se tiene sobre la somatización como síntomas físicos, asociados a un evento relativamente puntual de la vida de una persona, es una mirada de proceso, al ver los patrones psicocorporales que tenemos las personas debido a las circunstancias en las que nos hemos construido. El mecanismo de defensa de la retroflexión, como patrón en la manera de actuar de la persona, bajo mi punto de vista está profundamente relacionado con la posibilidad de desarrollar ansiedad y/o somatización.

Ansiedad, estrés y somatización (extracto)

Ana María Domínguez. Pamplona, noviembre 2018

BIBLIOGRAFÍA

“Mecanismos psicofisiológicos de la ansiedad patológica” María Isabel Viedma del Jesús. 2008.

       “Teorías de la ansiedad en la terapia Gestalt”. Ceballos Montalvo. 2017.

       “La ansiedad según la teoría de la terapia Gestalt y su aplicación clínica”, Esperanza Miravalles González. 2006.

       “Terapéutica del miedo. Terapia gestalt-terapia breve estratégica. Dos mitos desenfrentados” Anja Rudolph y Judith Roig. 2005.

       “Bioenergética y Gestalt. Una visión integradora”. Amalia Castro.

–           “Psicobiología del Estrés” Dra. M. Florencia Daneri. 2012.

–           “Síntomas psicosomáticos y teoría transaccional del estrés”, M.T. González Ramírez y R. Landero Hernández. 2006.

–           “Estrés, salud y emociones: estudio de la ansiedad, cólera y hostilidad” Manolete S. Moscoso. 1998.

–           “El Estrés. Estrategias y Estilos de Afrontamiento”. Melchor Alzueta. 2012.

–           “Richard Stanley Lazarus (1922-2002)” Viviola Gómez Ortiz. 2005.

–           “Con voz propia. La economía feminista como apuesta teórica y política”. Cristina Carrasco Bengoa, Amaia Pérez Orozco, Yayo Herrero et al. 2014.

–           “Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida”. Amaia Pérez Orozco. 2014.

–           “Ser mujer un viaje heroico” de Maurren Murdock.1990.

–           “Nacidas para el placer” de Mireia Darder. 2014.

–           “Somatización: consideraciones diagnósticas”. Harold Muñoz. 2009.

–           “Estrés y ansiedad” Apuntes de Gestalt, Curso Superior, Instituto Ananda. http://institutoananda.es/apuntes-de-gestalt/