Instituto Ananda
Psicología / Psicoterapia
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EL DESPERTAR DE ANANDA
Una de las leyendas que tratan acerca del esfuerzo espiritual
tiene por protagonista a Ananda, el discípulo amado de Buda.
Dice la historia que llegó el momento en que el Buda enfermó
y murió; había estado enseñando durante cuarenta y cinco años
y muchos de sus discípulos habían alcanzado la iluminación.
Pero uno de los que todavía no lo habían conseguido era
precisamente Ananda, el fiel auxiliar y ayudante del Buda.

Esto puede resultar un tanto sorprendente, dado que de todos
los discípulos Ananda había sido el que había oido y recordado
cuanto habia dicho el Buda.
Ananda, que se veía sometido al ajetreo de las actividades diarias
que sin duda nos resultan muy familiares a todos nosotros, había
estado tan ocupado acompañando al Buda allá donde fuera y resolviendo
los problemas que generaba el grupo de los discípulos, que había tenido
poco tiempo para entregarse a la meditación.

Varios meses después de acaecida la muerte de Buda, se produjo
un acontecimiento para el que resultaba necesario que Ananda se
hallase iluminado. Iba a tener lugar el Primer Consejo de los Arahats,
para codificar todas las enseñanzas dadas por el Buda. La presencia de Ananda era imprescindible
en tal reunión ya que era el discípulo que mejor podía comentar los sutras budistas.
Pero como no se hallaba iluminado, no podía asistir al Consejo.

Entonces Ananda hizo la única cosa que le era posible realizar en tales circunstancias. Igual que si tuviera
que prepararse para un examen, se retiró en una especie de maratón espiritual para alcanzar su
iluminación en una lucha contrarreloj. Y llegó finalmente la mañana del día anterior al Consejo, y Ananda
todavía seguía retirado en meditación. Legó la medianoche y Ananda seguía luchando para conseguir
su iluminación, sentado en una pequeña celda monástica. Cuando sólo faltaban quince minutos
para que, a las cuatro de la madrugada, sonase la hora de levantarse, Ananda se dió por vencido y pensó :
"Bueno, así son las cosas. Está claro que yo no soy un Arahat ".

Agotado por el esfuerzo que había hecho, dió por concluida su postura meditativa y se dispuso a dormir.
Ananda había dejado de intentar ser lo que no era.
Y en ese preciso momento, antes de que apoyase la cabeza sobre la almohada, en ese justo instante, se
convirtió en un Arahat, un ser completamente despieto e iluminado.
Finalmente, había alcanzado la iluminación dejándose ir, parando su mente y viendo las cosas tal como
eran. Al rendirse y entregarse por entero, consigió lo que estaba buscando.
Siendo el que en realidad era, Ananda logró el despertar.

(El despertar del Buda interior)

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